Soy un fragmento, soy un montón de ellos, tantos
-Me encuentro por fin al reconocerme numerosa
Más bien nada, una combinación frágil
Imágenes, sensaciones, impulsos que me mueven y se siguen
También dudan, se distraen, pero no se detienen
Soy fragmentos, la adhesiva

(Me duelen los bordes de piezas finitas)

martes, septiembre 21

Posibilidades para un violento imaginario



Del imaginario
Hay en todas nosotros, personas, una vis formandi o fuerza creadora ex nihilo, dice Castoriadis, algo llamado imaginación radical  que nos ha permitido inventar cosas inútiles, no materiales, que nada tienen qué ver con la realidad objetiva. Cultura, llama Castoriadis a esta producción humana. Creación de la ima
ginación radical del ser particular, pero imaginario de la colectividad. Como grupo tenemos también la capacidad de inventar (imágenes, significados, símbolos, proyectos, posibilidades) y de compartir esto que inventamos.
Puesto que lo material y la realidad son insignificantes, la imaginación y el imaginario nos permiten significarles, para entenderlos, para vivirlos. La realidad tiene sentido en tanto se encuentra representada de tal o cual manera en nuestro imaginario. Estas imágenes y símbolos que creamos en nuestro imaginario se cristalizan y se convierten en estructuras de sentido (lo imaginario social instituído) que significan la realidad, le dan forma a lo social, y dan lugar a la formación de instituciones , las cuales aseguran la reproducción de lo social: del grupo y de su particular forma de entender el mundo y de actuar en él.
Por todo esto es que Castoriadis dice que la historia del ser humano es la historia del imaginario, pues ésta se ha construído a partir de los ideales y deseos de determinada sociedad en determinado tiempo, y en un contexto configurado a partir de las representaciones que se han solidificado.

Del imaginario como cuestión vital en un espacio radicalizado
Naturalmente, el imaginario no permanece inalterable, algunas representaciones que hemos creado se modifican o desaparecen, pero la fuerza de los significados compartidos en colectividad que se reproducen en muchos ámbitos y el que estos sean a su vez constitutivos de otros significados, fundamentos de instituciones formales, etc., hacen que esto no suceda fácilmente. A menos que, nos cuenta Castoriadis, haya una época de crisis.  Ahí sí estas instituciones, estas certezas se sacuden, se tambalean y pueden llegar a derrumbarse, a rehacerse.
Ciudad Juárez es un espacio en crisis, un espacio radicalizado en todos los aspectos debido a la aguda y generalizada violencia que viven sus habitantes desde hace ya más de dos años (a lo que se suman las extorsiones y las violaciones a los derechos humanos y la desconfianza que algunas personas sienten hacia los soldados y policías federales que se encuentran en la ciudad desde hace dos años). Lo cuentan el número de asesinatos, de incendios, secuestros, robos de autos, de personas que pagan cuota, de gente que se ha ido de la ciudad… También están los noticieros y periódicos locales, nacionales e internacionales, los foros de discusión entre estudiantes y especialistas, las manifestaciones, las denuncias, y sobre todo, en lo microsocial, las conversaciones cotidianas que, inevitablemente tocan el problema, las historias de los hechos violentos vividos o presenciados y los hábitos que se han modificado en la vida de las personas.
Es, pues, en una situación así, en un espacio así, que la cuestión del imaginario se vuelve vital. Vital porque la colectividad está en crisis, ha sido vulnerabilizada y cambiará fácilmente sus representaciones. Una vez más, esto es, cambiará el sentido que le da al mundo y, por lo tanto, su actuar en él. Vital porque de las representaciones dependerá la reacción de la gente ante la situación, la forma en que la enfrente, la acepte, la niegue, intente transformarla, el que la gente decida aislarse, irse de la ciudad, reunirse, manifestarse, intentar ignorar lo que ocurre, se informe, siga confiando o deje de confiar en las demás, exija eficacia a las autoridades, exija justicia, se cambie de partido, decida no votar, deje de salir a lugares de recreación, denuncie o se quede callada, confíe en soldados y policías federales, se preocupe por la descomposición de la cohesión de la sociedad juarense, busque actividades que refuercen lazos con sus vecinos, se organice con ellas para emergencias, tome medidas de seguridad, crea en tal o cual medio de comunicación, reflexione al respecto, comparta el dolor de las familias de personas asesinadas, aproveche el clima generalizado de violencia para también ejercerla, el que desee una vida distinta.
¿Qué representaciones de mi colonia, de la gente, del mal, de los asesinos, de la justicia, de la ley, del Estado, de la dignidad, del narcotráfico, de la seguridad, de Dios, de la política, de la educación, del dinero, etc. se encuentran en el imaginario de los juarenses? Éstas van configurando el presente y lo prolongan. Como habitantes de Ciudad Juárez somos parte de lo que sucede. Y de lo que venga.


De los espacios de poder como productores de sentido
Los grupos, las clases y las instituciones se encuentran constantemente en un trabajo discursivo y una elaboración simbólica específicos que corresponden a sus representaciones particulares y a sus intereses. Esta elaboración es todavía más intensa, planeada y agresiva en los espacios con poder, donde hay grandes intereses en juego. Utilizan sus recursos, su capacidad de convocatoria, su credibilidad, para llegar a grandes auditorios e influir en su forma de pensar (en su imaginario, sus representaciones) para que corresponda a sus intereses, cualesquiera que estos sean: búsqueda de legitimación, de perpetuación de dominación, de promoción de consumo, etc.
Los principales espacios de poder que observo en la ciudad son: el gobierno municipal, los medios de comunicación, las medianas y grandes empresas y las instituciones religiosas. Observo también que estando en juego en este momento la gobernabilidad, la confianza en las instituciones, el consumo de la nota roja, la credibilidad de los medios de comunicación, el deseo de protección divina y salvación, las explicaciones de la violencia, las responsabilidades, sospechas acerca de un pacto entre el gobierno (sobre todo el federal) y uno de los cárteles del narcotráfico, y, como siempre, el consumo, ninguno de estos espacios se queda atrás en la producción simbólica y discursiva, todos tienen versiones qué difundir, representaciones qué producir y reproducir.
El gobierno municipal se empeña en mostrar su buena disposición y su esfuerzo para combatir la violencia, los arrestos, decomisos de estupefacientes, campañas de paz, campañas para invitar a denunciar... Pretenden hacernos confiar en las fuerzas federales, lo vemos en los carteles que muestran a un soldado inclinado hacia una niña que le regala una flor. En la propaganda de Crime Stoppers, el servicio que se contrató para recibir denuncias ciudadanas, parece que si la gente denunciara y compartiera su información y sospechas sobre actos delictivos, se podría arrestar a quienes delinquen y se solucionaría el problema; además, la frase de “Con tu información podemos librarnos de ellos...” plantea una visión particular de la violencia y de las otros, parece que la explicación a lo que sucede es simplemente que hay gente mala en el mundo y debemos deshacernos de ella, como si no viviéramos un problema complejo, sistémico, que ha estado gestándose desde hace muchos años y en el cual estamos involucradas. Es que es más fácil asumir esa posición, reproducir esa versión en lugar de asumir responsabilidades y plantear respuestas igual de complejas que el conflicto.
Yo diría que los medios de comunicación se han convertido en estos últimos años en los principales y más fuertes productores de sentido. Ellos nos informan, a través de ellos, principalmente, conocemos lo que sucede en la ciudad, los asesinatos y demás crímenes, a través de sus palabras, de lo que dicen y cómo lo dicen, de lo que muestran, de lo que sugieren, de lo que ocultan, adoptamos representaciones de los niveles de violencia, de las zonas o actividades más peligrosas, de la imagen de las criminales, de la muerte (pues la observamos en cuerpos destrozados), de la justicia que se imparte en la ciudad, del buen o mal trabajo del gobierno y de los elementos del ejército y la Policía Federal, etc. Porque las palabras nunca son inocentes y casi siempre es posible encontrar en ellas una carga ideológica, porque, además, los medios en la localidad no sólo dan a conocer, también nombran, juzgan, acusan, se posicionan.
“Con todo descaro bajaban la mercancía”, “no saben hacer otra cosa más que eso, lo mismo, robar y robar”, “estas personas que son completamente parásitos”, son ejemplos de imágenes y sentido que producen los medios de comunicación (en este caso palabras de Arnoldo Cabada en el noticiero nocturno del canal 44). Asuntos delicados para la ciudadanía, que se siente vulnerable, que siento miedo y enojo, son tratados de manera que convenga al canal, al muy particular pensamiento de la presentador en turno, en beneficio de algunos personajes, en perjuicio de otros.
Algunas empresas de la ciudad contextualizan su publicidad. Seguramente llama más la atención un comercial o un anuncio espectacular con un mensaje que hace referencia a la situación que a todos, o a la mayoría nos ocupa y preocupa. Como los de Hágalo, que ofrecen proporcionar seguridad a la gente con sus candados. Son pocos los ejemplos que se observan de esta práctica arriesgada, pero en ellos se intenta reflejar preocupación, una empresa comprensiva que entiende lo que sucede. Son más las campañas que hablan de la crisis económica, aunque también doloroso, al parecer menos sensible.
Lo que buscan las empresas es seguir vendiendo, vender más, lo que hace pensar que para hacerlo lo mejor es ignorar la situación, no recordarle a la gente esa violencia que está por toda la ciudad, no provocarle malestar, hacer como que no pasa nada, apelar a sus ganas de olvidar y sentirse mejor comiendo, comprando, vistiendo, etc.
Acerca de las instituciones religiosas sólo comentaré, con respeto a las mantas y anuncios espectaculares que se encuentran en importantes avenidas de la ciudad, que hablan de paz, de amor, de Jesucristo como la respuesta (mágica). Otra vez una solución simple para un problema simple: el mal.
De las posibilidades de la producción de contrasentido
Otro espacio que cuenta con un poco de poder y cuyo discurso llega a la población, aunque a sectores mucho menos amplios por lo limitado de los recursos de que disponen, es el de las organizaciones de la sociedad civil y los grupos y movimientos ciudadanos y estudiantiles. Es innegable que desde el inicio del incremento en los índices de asesinatos en la ciudad (a principios de 2008) ha habido grupos organizándose, manifestándose, exigiendo.
Sus objetivos son, entre otros, que se haga justicia en los crímenes cometidos, que el gobierno resuelva la situación, que las fuerzas federales salgan de la ciudad, que se respeten los derechos humanos, que se atiendan las cuestiones sociales que han sido terreno fértil para el crecimiento del narcotráfico y la violencia, etc., pero un problema evidente en algunas (o todas) de las organizaciones es una división interna que pareciera la social del trabajo, la de clases, que corresponde no al lugar que se ocupa en la producción, sino en la clase cultivada. Ahí también hay capital y jerarquías. Se convierten en espacios verticales que niegan serlo. Espacios que, además, en lugar de elaborar su propio discurso, sus propias representaciones, utilizan unas viejas que intentan adaptar al contexto de la ciudad. Es que esas viejas representaciones corresponden a un viejo proyecto que, para muchas, ha fracasado.
Es necesaria la elaboración de un discurso propio, la producción del sentido deseable de la realidad. Es necesario hacerlo desde espacios horizontales e incluyentes que interpelen a la conciencia colectiva, que interpelen a la totalidad. Un discurso donde todos y todas quepan, con sus especificidades.
Otro frente, otra lucha para los movimientos ciudadanos debe ser el de la producción de contrasentido, uno que enfrente las representaciones interesadas que nos llegan desde los espacios de poder, que las deconstruya, que no imponga, que no sentencie, que promueva posibilidades de acción, de vida, que se acerque a lo utópico. Se debe apelar a la gente desde el nivel microsocial, fuera del discurso cientificista que (debe reconocerse) se desprende del proyecto racionalizador de la modernidad.
Con otras ideas del ser, del otro, la otra, mi vecina, mi compañero de trabajo, la conductora del coche de al lado, quien espera la ruta conmigo, el señor de la tienda de abarrotes, con otras imágenes de la violencia, de la justicia, de la ciudad que podemos y debemos tener, será posible construirlas. Sólo si las imaginamos podremos ir en su busca.

viernes, agosto 27

Mapeando





Mapeo de homicidios dolosos cometidos en Ciudad Juárez
desde el 17 de agosto de 2010
-En base a notas consultadas en El Diario Digital y La Polaka.



Ver Ciudad Juárez 2010 en un mapa ampliado

miércoles, agosto 25

En un cuarto muy frío con viejos muebles de oficina y pilas de periódicos. Mujer empleada, mujer visitante y mujer testigo.


MUJER EMPLEADA: Buenas tardes. ¿Puedo ayudarle en algo?


MUJER VISITANTE: Buenas tardes. Vengo porque mataron a mi hermano. Lo levantaron el lunes y el miércoles lo mataron.


No, no tengo idea de dónde esté. Ay, Diosito de mi vida. 


Es que lo levantaron el lunes, y el miércoles lo hallaron en el Camino Real, pero no lo encuentro. Es que estoy nerviosa. También a mi tío lo mataron, es el policía municipal que decapitaron, ¿sí lo vió?


Lo que pasa es que yo andaba fuera de Juárez, me robaron mi camioneta con todos mis papeles y me fui, por eso no supe cuándo lo enterraron ni todo eso. Y cuando regresé me encontré con lo de mi tío.


Está horrible esto de Juárez, quién sabe qué está pasando. No dejan trabajar a nadie, mi mamá vende en las segundas y parece que también van a empezar a pagar cuotas. Yo también pago cuota, de los servicios a domicilio, pago 500 por semana.


Sólo mi Dios lindo sabe hasta dónde vamos a llegar.


Y ahora no me gusta leer el PM, me da mucho miedo.


Tengo tres hijos, uno de quince, y ese es el que me trae... Es lo triste porque está jovencillo. Y lo malo es que yo no hablo con mi familia. Y tengo un presentimiento desde hace rato, ojalá que no sea nada malo.


No, aun pasando eso tenemos muchos problemas.


De todos modos qué gano con tener esa nota, es algo muy triste. Si la de mi tío me la tuvieron que quitar, la agarraba y me ponía triste y triste...


Mujer de cabello muy negro y coloridos tatuajes en la espalda sale de la habitación.


MUJER TESTIGO: Unos minutos de conversación y aparece una buena parte de la realidad de la ciudad: los asesinatos, los robos, las cuotas, los trabajos que se pierden por la extorsión, la crisis al interior de las familias, la necesidad de un dios que explica y consuela, los constantes y cruentos homicidios de policías municipales y federales, la gente que se va de la ciudad a Estados Unidos, la nota roja, el miedo, la imposibilidad de las adolescentes de salir y conocer el mundo, su frustración, su enojo, el dolor por los seres queridos que son asesinados. 


En esta ciudad, ahora que la realidad se ha vuelto así de apabullante, las palabras de la gente, gente común, trabajadora, no distan mucho de las de especialistas -la empiria de todos los días, el aprendizaje para la supervivencia, la búsqueda de nuevos palabras para nombrar lo que no se conoce, la sistematización de la cotidianidad saturada-. En nuestras conversaciones cotidianas, como hablar del clima, para romper el hielo, a flor de piel, el terror de la ciudad.


Disparos. Autos que derrapan. Sirenas. Ladridos.

domingo, abril 25

Todo es cuestión de probabilidad. La vida se percibe muy distinta ahora. Ni siquiera hace unos años, cuando las desapariciones y los asesinatos de mujeres se explotaban más en los medios, sentí tanto miedo. Claro que tiene qué ver con el perfil con que correspondían muchas de las chicas secuestradas y asesinadas (no soy de estatura baja, ni muy morena, ni delgada, ni de clase baja), no me sentía amenazada, no veía el pequeño mundo en el que vivo ni las vidas de las personas que lo habitan, trastocados por sus desapariciones, sus asesinatos.
Esas otras estaban en riesgo, yo y mi mundo estábamos a salvo, en él, los feminicidios eran una terrible noticia, una realidad lejana, encabronadamente injusta y dolorosa, no para nosotros (me avergüenzo ante mi impasividad). Lloré, me enojé, sentí vacío, compasión, en algunas ocasiones, un par de visitas al campo algodonero, eventos a los que asistían madres de las chicas deparecidas o asesinadas, las dos veces que vi Bajo Juárez... Sólo con estímulos de esa naturaleza, la de la catarsis a huevo.
Hoy hace falta estar muy pinche enajenado, loco o pendejo para no sentirse amenazado, vulnerable. Hemos perdido la ciudad. No para siempre, sí por ahora, un ahora que se prolonga, se dilata impune, no deja de ocurrir. Estamos atrapados en un tiempo que nos pertenecía y nos han robado, en una inercia inverosímil, absurda.
Hoy siento que cualquiera, yo de Infonavit Juárez Nuevo, él en Lomas de Poleo, ella en El Mezquital, aquellos en Pradera Dorada, los de la Chaveña, mis amigas en Plaza del Sol y en Jardines del Seminario, mi familia en Horizontes del Sur, de verdad, cualquiera, puede dejar de existir, así, de una manera poco dramática, indolora, aséptica. Como si fuéramos personajes de un pinche juego de video, como en un tiro al blanco en la expO Juárez, como seres reemplazables, dispensables, disposables. Soy un kleeneX, soy un plato de cartón, soy un condón. Hazme un nudo al terminar de usarme, ciudad, y tírame.
El dolor y la muerte han perdido fuerza en la ciudad, y la voz, o hemos aprendido a silenciarlos, a dejar de escuchar. A la ciudad no le duele, esa sensación de carne viva está sólo en los corazones de aquellos y aquellas que pierden a uno, a una. Sus gritos van hacia dentro, muy profundo, contra la parte de ellos que no es sólo persona, sino vida, universo, esa conexión que sentimos con lo macro, ese rastro de origen, de creación, de destino, incluso.
Todas las personas, todos nuestros pequeños mundos, casas, caminos, lugares, han sido alterados. No finjamos que no pasa nada y que se puede seguir viviendo, así. No sigamos trayendo pequeños seres y celebrando la vida de manera tan hipócrita.
La vida en Juárez está de la chingada, asumamos eso y sigamos desde ahí. Conciencia implica responsabilidad y acción consecuente.
No dejo de pensar que difícilmente, muy difícilmente, matar, secuestrar, robar, es la primera opción, es una decisión sencilla.

lunes, abril 5

De cómo los fragmentos llevaron al No se reserva el derecho de admisión

Me gustan los fragmentos, lo compruebo a cada rato. A pedacitos conozco el mundo, conozco vidas de personas, y a partir de esos y otros fragmentos me construyo yo. Y es que no encuentro algo en mi vida que sea sólido, completo, grande, lineal. Nada que tenga qué ver con abarcar totalidades me interesa. Esas no existen.

Muchas veces me es difícil hablar con personas, sobre todo cuando empiezo a conocerlas. Por eso, yo pregunto. Si no puedo hablar y me interesa saber, preguntar es una buena opción. Algunos amigos me dicen que las conversaciones conmigo son más bien como entrevistas. Y es que no sólo disfruto conocer otras vidas, otras historias e involucrarme con ellas al compartir sus recuerdos. De pronto en las palabras de las otros, me descubro preguntándome, inventándome. Cuestiono lo que he hecho, lo que quiero hacer. Quien soy y quién quiero ser. 

El domingo pasado, mi amigo Carlos, su amigo Chavis y yo, platicábamos mientras comíamos sopes en el mercado (luego la conversación continuó bajo una carpa en la feria, tomando sendos vasos de cerveza). Carlos es músico, Chavis, artista plástico. "Mi arte no es para el señor de los tacos", fue la frase que desencadenó todo. Hablaba de que su trabajo está dirigido a cierto tipo de gente, gente que sabe de arte, a la que le interesa el arte; de lo importante que es saber relacionarse y convencer a la gente adecuada de la increíblemente buena que es la propia obra para que pueda exhibirse y ser comprada. Contó que Picasso fue el único de los grandes pintores que vivió su éxito, su fama, su fortuna, que hacía mamadas muchas veces pero sabía convencer a la gente (cotizarse, pues). 

Yo pensé algunas cosas.


Eso es reproducir lo que ya existe.
El arte para qué, para quiénes?
Por qué no intentar hacer algo distinto?
Tú más que nadie deberías desafiar lo que existe, lo normal, inventar posibilidades.
Por qué no hacer arte para el señor de los tacos?
Yo creo que siempre es posible inventar, mi trabajo sí será para toda la gente.

Y en eso he estado pensando desde entonces. En la sociología para qué y para quiénes. Es que no quiero que mi trabajo (cuando sepa hacer alguno) llegue a aulas, auditorios y salas magnas. No me interesa que me escuchen otros licenciadas, maestros y doctoras. Ellos ya saben bastante, y seguirán aprendiendo por sus medios. No soy una genio que vaya a revolucionar el mundo de la sociología, a proponer una nueva macroteoría. Entonces...

Pensé en espacios más o menos pequeños, con personas que comparten el lugar, su particular configuración, un lenguaje, una percepción del tiempo, unos referentes, normas implícitas, unos elementos de identidad, de vestuario, intereses, orígenes, cotidianidades... Pensé en acercarme y llenarme de eso para hacer trabajo, trabajo que se disfrute, que no haga daño y que dure. Videos, canciones, cómic, cuentos, pintura. Material que disfruten los sentidos, que reciba cálidamente el ser y nutra su conciencia. Las personas y sus vidas retratadas como son pero con posibilidades, complejas, siempre con salidas, con sorpresas, con juegos, siempre empujando. Reinterpretación, reinvención, no reproducción.

Estudiar pues literatura, aprender a contar, a hacer reír, a dibujar, a hacer video, a editar, a tocar... Formas de compartir, pues, compartir la complejidad del mundo de lo social y sus posibilidades.

Se avecina un proyecto de vida!