Soy un fragmento, soy un montón de ellos, tantos
-Me encuentro por fin al reconocerme numerosa
Más bien nada, una combinación frágil
Imágenes, sensaciones, impulsos que me mueven y se siguen
También dudan, se distraen, pero no se detienen
Soy fragmentos, la adhesiva

(Me duelen los bordes de piezas finitas)

domingo, abril 25

Todo es cuestión de probabilidad. La vida se percibe muy distinta ahora. Ni siquiera hace unos años, cuando las desapariciones y los asesinatos de mujeres se explotaban más en los medios, sentí tanto miedo. Claro que tiene qué ver con el perfil con que correspondían muchas de las chicas secuestradas y asesinadas (no soy de estatura baja, ni muy morena, ni delgada, ni de clase baja), no me sentía amenazada, no veía el pequeño mundo en el que vivo ni las vidas de las personas que lo habitan, trastocados por sus desapariciones, sus asesinatos.
Esas otras estaban en riesgo, yo y mi mundo estábamos a salvo, en él, los feminicidios eran una terrible noticia, una realidad lejana, encabronadamente injusta y dolorosa, no para nosotros (me avergüenzo ante mi impasividad). Lloré, me enojé, sentí vacío, compasión, en algunas ocasiones, un par de visitas al campo algodonero, eventos a los que asistían madres de las chicas deparecidas o asesinadas, las dos veces que vi Bajo Juárez... Sólo con estímulos de esa naturaleza, la de la catarsis a huevo.
Hoy hace falta estar muy pinche enajenado, loco o pendejo para no sentirse amenazado, vulnerable. Hemos perdido la ciudad. No para siempre, sí por ahora, un ahora que se prolonga, se dilata impune, no deja de ocurrir. Estamos atrapados en un tiempo que nos pertenecía y nos han robado, en una inercia inverosímil, absurda.
Hoy siento que cualquiera, yo de Infonavit Juárez Nuevo, él en Lomas de Poleo, ella en El Mezquital, aquellos en Pradera Dorada, los de la Chaveña, mis amigas en Plaza del Sol y en Jardines del Seminario, mi familia en Horizontes del Sur, de verdad, cualquiera, puede dejar de existir, así, de una manera poco dramática, indolora, aséptica. Como si fuéramos personajes de un pinche juego de video, como en un tiro al blanco en la expO Juárez, como seres reemplazables, dispensables, disposables. Soy un kleeneX, soy un plato de cartón, soy un condón. Hazme un nudo al terminar de usarme, ciudad, y tírame.
El dolor y la muerte han perdido fuerza en la ciudad, y la voz, o hemos aprendido a silenciarlos, a dejar de escuchar. A la ciudad no le duele, esa sensación de carne viva está sólo en los corazones de aquellos y aquellas que pierden a uno, a una. Sus gritos van hacia dentro, muy profundo, contra la parte de ellos que no es sólo persona, sino vida, universo, esa conexión que sentimos con lo macro, ese rastro de origen, de creación, de destino, incluso.
Todas las personas, todos nuestros pequeños mundos, casas, caminos, lugares, han sido alterados. No finjamos que no pasa nada y que se puede seguir viviendo, así. No sigamos trayendo pequeños seres y celebrando la vida de manera tan hipócrita.
La vida en Juárez está de la chingada, asumamos eso y sigamos desde ahí. Conciencia implica responsabilidad y acción consecuente.
No dejo de pensar que difícilmente, muy difícilmente, matar, secuestrar, robar, es la primera opción, es una decisión sencilla.

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